De esmalte blanco, hogar y añoranza


Mi madre y yoQuizá la culpa de que yo sepa del esmalte blanco para la reja de la ventana tenga que ver con que soy hija de una aldeana española que llegó sola a Cuba a bordo de un barco, el “Alfonso XIII”.

Mi madre se empecinó, con éxito, en hacernos crecer en un hogar, sin saber siquiera que esa palabra existía. Ella nos enseñó a leer, no a combinar las letras para formar palabras y frases, sino, que nos hizo adictas a la lectura y a la mesa con mantel. En su aldea nunca leyó ni hubo mesa.

Allá, donde nació, entre la nieve, la altura, y el trabajo rudo del campo asturiano, no había apenas respiro para mucho más que ir a la faena, comer y dormir. El baño con agua y jabón no era frecuente con aquellas bajísimas temperaturas. Todos tenían que ir al campo. Mi madre lo hizo desde los 9 años. Nunca hubo juguetes, ni lazos, ni cumpleaños. Vivió su niñez sin saber lo que es ser niña.

Siempre tengo conflictos con los que emigran. Me duelen mucho. En cada uno de ellos veo un pedacito de mi madre. Desde pequeña, yo rechazaba pensarme viviendo fuera de Cuba. Imaginarlo me hacía un nudo en la garganta, aun hoy me ocurre. No podía con eso, no lograba paz imaginándome establecida en otro lugar del planeta. Estaría condenada a la añoranza infinita que adivinaba en los cantos de mi mamá. Ella, que después de 40 ó 50 años en esta Isla, aun hablaba en bable y nos hacía comer fabada asturiana en el agosto tropical, y manzanas (tan sosas y frías) en la época de los mangos (tan dulces y sensuales).

Yo, en “otro lado” no dejaría de cantar charangas y bolerones, y añoraría por siempre el arroz congrí y los tamales. Y el hablar “en cubano”, y las miradas desnudantes de los hombres en las calles, y la gente tocándose y besándose constantemente. Y el malecón, y el aterrille del verano, y hasta los ciclones que son mi terror.

Mi mamá no regresó nunca, pero tampoco se fué de allí jamás. Dentro de 3 años cumplirá un siglo de vida, y es hermosa y frágil. Y ahora, que sí es “nuestra niña”, tampoco lo sabe. Mi madre es como Asturias, verde y tozuda, contrastante y ruda, suave y preciosa.

Anuncios

Publicado el agosto 19, 2007 en Por dentro y etiquetado en , , . Guarda el enlace permanente. Deja un comentario.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: