“Elluminate” ahora. Y antes, qué? Parte II


Daba clases de Psicología en la Facultad de Ciencias Médicas “Cmdte Manuel Fajardo” y recuerdo que después de mi “encuentro de tercer tipo” con aquel invento, dediqué varios turnos de clases a conversar con mis alumnos sobre el asunto. Estuvimos discutiendo, especulando, intentando en broma predecir el futuro (algunos de esos estudiantes, médicos en la actualidad, habrán visto como sus “visiones futuristas” son hoy pura realidad). Lo cierto es que todo el claustro empezó a observar con cierta intriga cómo después de mis clases, mis alumnos y yo salíamos despavoridos escaleras abajo, cruzábamos corriendo la calle que separa la Facultad del Hospital y ascendíamos jadeantes y veloces los 8 pisos que nos separaban del recien abierto laboratorio de computación. Era una carrera en fuerte lucha por alcanzar algún asiento de los pocos disponibles en aquel entonces en nuestro laboratorio. Allí no había posibilidad de “encuentros”, pero nos sentíamos más cerca de que pudieran ocurrir si dominábamos aquellos aparatos que ahora eran como unas torres verticales y tenían un nombre que me sonaba a sustancia radioactiva: Pentium.

El contagio no se detuvo en mis alumnos, como una buena cepa de la mejor de las gripes, se extendió con rapidez a las profesoras de computación: Elsa y Ester, ellas, hermanas, serias y excépticas al inicio, se enrrolaron, y poco después empezaron un trabajo sistemático de búsqueda de información que mucho nos ayudaría en el futuro.

Las tres decidimos asistir a unos cursos dinámicos que se impartían en Infomed de 6pm a 8pm . Esos cursos fueron una hermosa y eficiente iniciativa. En ellos está el inicio, la génesis de la Alfabetización Informacional. Eran por ciclos y cada día durante una semana se tocaba un tema. Ahora me doy cuenta que Infomed puso al servicio de ese proyecto profesores de lujo: Edita, Rafael, Ileana, Yamila, Bello, Urra se asomaba siempre, preguntaba si entendíamos, explicaba, nos hacía reir, parecía un niño travieso… Unos daban correo, otros, búsquedas, otros Medline específicamente, otros enseñaban a navegar por el Portal.

Entonces le tocó el turno a la clase de Rafael. Sí, Sanabria, nuestro entrañable compañero de Infomed, que fué por años el Jefe del Grupo de Atención a Usuarios. No recuerdo ni una sola palabra de la charla de Sanabria, no recuerdo donde me senté, nada, absolutamente nada. La culpa de eso la tiene algo que Sanabria dijo cuando ya no quedaba casi nadie en el aula, sólo eso recuerdo: “Miren, quiero que vean algo, es una forma de comunicacion que ahora está siendo muy usada en el mundo”…Se acercó e hizo que en una de las máquinas apareciera la pantalla ya antes descrita, el lugar donde las personas “conversaban” a través de la computadora. A pesar del impacto, en menos de 5 minutos le hicimos un millar de preguntas. El las contestó gustozo y equilibrado, como siempre. Me di cuenta que ya Infomed tenía instalado un servidor para ese servicio (supe que se llamaba IRC (de Internet Relay Chat) y que sus especialistas lo conocían y compartían ese saber con nosotros. Buena cosa.

Esa noche, después de lograr conectarme a Infomed, (a veces podía demorar una hora) bajé el programa de IRC del FTP del Portal, y en la madrugada, sin tener idea clara de qué estaba haciendo, lo instalé tratando de recordar los números, las ventanas, las configuraciones que había visto y oído como ráfagas. Quedó perfecto! Me senté despaciosamente en mi silla, dispuesta a ser parte de “aquello”, pero nada ocurrió, no había nadie en la ventana de los nombres, solo yo…. Amanecí sobre mi teclado. Toda la noche esperé en vano por alguien para poder replicar el experimento. Eso me aumentó ciertas dudas que me habían surgido, no estaba segura si ese servicio era de acceso pleno a todos los usuarios de la Red, y confiezo que tuve sentimientos de culpa, porque lo había intentado y sobre todo, porque sabía que lo iba a seguir intentando.

En la noche del siguiente día, volví a mi “guardia” frente a la pantalla, conectaba cada vez que podía y destinaba mis 45 minutos a esperar pacientemente, pero todo era calma…

En la tercera noche, sábado, cerca de las 3 am, medio dormida vi saltar la pantalla y apareció un nombre: “Legolas” . Mi respiración se entrecortó y di un salto, me separé de la pantalla con temor, me parecía estar dentro de una película de ciencia ficción, pero volví corriendo y escribí un Hola! que fue respondido por mi primer amigo de la virtualidad, un niño encantado que estudiaba en la Vocacional Lenin ( hoy es profesor de la Facultad de Matemáticas de la UH, donde se graduó con honores). Fue una amistad a primer teclazo. Preciosa y cómplice, como las buenas amistades. Aprendí mucho con ese niño, eran maratones de madrugadas de fines de semana hablando de Protocolo TCP IP, juegos en red, nuevas versiones del IRC, El sennor de los Anillos, y miles de cosas más, aprendí sobre la adolescencia lo que no me había enseñado mi carrera. Y sobre todo, iba aprendiendo más sobre el IRC, ya le conocía muchos secretos y había arrastrado a las profesoras a las madrugadas de conversación, y al cabo de unos meses, cada noche nos reuníamos en nuestra sala de tertulias, un grupo de amigos fieles, la mayoría nos conocimos en ese “espacio” y teníamos un abanico variado de procedencias, edades, nivel escolary ocupación.

El grupo se fue organizando, empezó a tomar vida propia, las tertulias empezaron a seguir ciertas normas y establecimos un código de conducta, no era hablar por hablar, tratábamos que cada quien hablara de lo que sabía, no niego que mis interveniones eran bien acogidas, pues era la única psicóloga del grupo, pero otros hablaban de aviación, o nutrición, o poesía, y por supuesto, de computación. Nos citábamos en un horario fijo y se daba una charla dos o tres veces por semana. Al ponente le permitían “hablar” sin interrupciones por el resto de los “asistentes” que lo “escuchaba”,  y al final era que hacíamos las preguntas y debatíamos sobre el tema. La mayoría almacenábamos lo dicho en las charlas, se lo enviábamos por correo electrónico a los que no pudieron asistir y en ocasiones lo imprimíamos y releíamos con calma.

Con el paso de los días y las semanas, empezaron a aflorar afectos, sentimientos, la distancia para tener confianza con el otro se acortaba mucho más rápido que en la “vida real” y fuertes lazos de carinno y respeto mantenían al grupo cohesionado, a algunos tan cohesionados que hoy son parejas con frutos. El grupo, sin darnos cuenta había evolucionado, había pasado a ser una comunidad, una comunidad virtual! (Continuará)

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Publicado el mayo 4, 2008 en Por dentro. Añade a favoritos el enlace permanente. 1 comentario.

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